Me viene a la memoria una problemática artística para con el espectador. A menudo se da el caso de que la obra se presenta despojada de interés estético, en lo que a la retina se refiere, y con escasa información que oriente al espectador para una comprensión o disfrute más completo de la obra1. Se da entonces la situación habitual de que la obra despierta en el espectador neófito un sentimiento de humillación ante la “imposibilidad” de comprender aquello, y se imbuye en la indignación de sentirse superado intelectualmente por algo que se le antoja tan anodino. No llega al nivel de percepción suficiente para sentir gratificación y lo desprecia. Con esto no quiero decir que el artista ha de ser complaciente con el espectador, pero considero que es una cuestión a plantearse.
A veces me gusta comparar a Darwin con artistas de concepto, e imaginar la distopía de que presenta su teoría de la evolución de las especies mostrando ante la comunidad científica una colección de picos de pinzón y diciendo: “he aquí la explicación de la multiplicidad de especies”. Los asistentes quedarían perplejos y pedirían explicaciones. Entonces imagino a Darwin diciendo: “piensen ustedes, saquen sus propias lecturas o busquen mi libro por ahí y léanlo”. Algo por lo que a Darwin le hubieran linchado y que me recuerda a la forma de presentación de muchas obras de arte.
Quizás esta analogía con el arte sea un tanto peregrina, pero mi impresión es que los artistas convocan al público para ofrecer un fragmento del producto dejando que aquellos busquen el resto en algún lugar sin concretar. Cuando se hace esto se consigue seleccionar a espectadores activos y comprometidos en generar sus lecturas y buscar información complementaria; pero esto me genera alguna duda. Si un científico convoca para presentar sus resultados, ha de aportar toda la información necesaria para que la idea llegue a sus receptores a ser posible sin necesidad de suplementos y en caso de que así sea, ofrecerles las referencias. Y me pregunto, si tenemos en cuenta que el arte es una rama de conocimiento y forma de expresar ideas parecida a la ciencia, ¿por qué no incluir en la exposición la máxima información posible? ¿qué problema hay con indicar al espectador que la otra parte de esa obra está en tal o cual texto?
Quizás se da demasiado por hecho que el artista escribe y que para conocer la obra hay que leer sus textos. Ya se dan casos de artistas que están presentes en la exposición y hablan con los espectadores, pero debe ser muy tedioso y arriesgado, y no suelen repetir la experiencia. De todas formas no debe ser difícil articular mecanismos que faciliten esta cuestión si así se desea. A mi modo de ver y teniendo en cuenta que mi formación como artista en una Universidad pública corre a cargo de los impuestos de mis vecinos, no veo forma de no sentirme en deuda con ellos, ni porqué no facilitarles una experiencia completa de mi obra.
1 Incluso en espectadores con formación artística, se da que sin esfuerzo por acercarse al artista y conocer lo que cuenta con su trabajo -a través de textos, publicaciones, entrevistas…- es prácticamente imposible conocer la obra y emitir un juicio de forma justa.

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