
He soñado que estaba en una subasta de arte. La primera pieza que se subastaba era un puzzle. Me enteraba que costaba 12€ la unidad y me fui a comprar uno. Era una imagen de peces rojos anaranjados (carpas doradas). Un banco de peces que parecían nadar en el aire, se movían hacia la izquierda y eran como si fuesen hechos con fichas de lego. El aspecto tridimensional de cada pez, abigarrado de fichas, tenía un aspecto fragmentado. Recordaba una de estas obras que tratan el tan manido deconstructivismo. Poseía una atmósfera de ruido, como un efecto glitch. Supongo que por la relación entre las piezas de lego (con los tetones hacia afuera reproduciendo las escamas) y los cortes de las piezas del puzzle.

En algún sitio de aquel lugar, que más que parecer un salón de subastas parecía una biblioteca de aspecto decimonónico: oscuro, de luz cálida y acogedor, encontré una mesa con algunas cajas encima. Como si de una oferta de Toys R'Us se tratara, lo que fue una montaña de puzzles apilados ordenadamente, ahora sólo eran los resquicios que no se había llevado nadie aun. Cogí uno de una imagen distinta a la que se presentó para la subasta. El artista había realizado una serie de varias imágenes. Me cercioré de que el precio eran 12€ al ver la típica pegatina naranja en el borde largo de la caja. Vi otro modelo pero era más caro y no me gustaba tanto. El mío era una fotografía vertical que recordaba a aquellas pinturas de género donde se pintaban los cuadros que poseía alguien. Con un aspecto bastante contemporáneo, se observaba una pared gris con cuatro cuadros figurativos oscuros y un espejo redondo (u ovalado, no recuerdo bien) en el centro. Era el espejo de Jan van Eyck en el Matrimonio Arnolfini, aunque salvando las diferencias formales. A la izquierda descompensaba el encuadre un perchero de pie con ropa colgada. De ese mismo lado también entraba una luz natural suave pero que proyectaba en la pared sombras duras del borde de los cuadros y del espejo. Sin duda, la imagen había sido procesada con photoshop.



Al margen de lo anecdótico del sueño y lo detallado del recuerdo, me parece interesante la idea del puzzle como obra de arte. Como objeto que contiene una imagen que el espectador tiene que reconstruir. El espectador depende de su capacidad resolutoria y empeño para acceder al contenido de la imagen. Como ocurre con el arte a la hora de entender su contenido. Todo el arte tiene una dimensión jeroglífica, de interpretación, de extraer diferentes lecturas de los elementos que la componen. Piezas, que requieren del trabajo de hacerlas encajar hasta completar su sentido. Como un rompecabezas para alcanzar la comprensión.
En el puzzle del sueño aparece el espejo como elemento que apela al espectador y que nos remite a la reflexión. A la contemplación de la imagen más allá de su delgada superficie. Nos invita a atravesarla. El montaje del puzzle-obra implica necesariamente al espectador, incluso a un grupo (¿quién no ha participado en el montaje de un puzzle en familia?). Y si bien el puzzle puede apelar a la familia o al trabajo en equipo, sobretodo está inmanente la idea de búsqueda. La búsqueda para la consecución de la imagen. La idea de desentrañar la imagen, comprenderla, adquirir un nuevo nivel de conocimiento.
Aprehenderla en el sentido de convertirla propiedad de uno mismo.
Bodegón de perchero con chaqueta, luz, espejo, cuadros... todos elementos que apelan al propio arte. Una metalinguística. Y siempre la sospecha de que falten piezas, de que todo no encaje. Pero, ¿hay puzzle en el arte en que todo encaje? ¿Pierde valor si faltan piezas?



